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Hagiografía de Ánani Mhour

 
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Chapita
Cardinal
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MessagePosté le: Mer Juil 02, 2014 3:20 am    Sujet du message: Hagiografía de Ánani Mhour Répondre en citant

Citation:


Hagiografía de Ánani Mhour


El último erudito de mi pueblo del que tengo memoria fue tan importante para nosotros que decidí transcribir mis pensamientos en un texto.

La vida de Ánani Mhour

Ánani Mhor nació el día de la caída de Oanilonia en una de las primeras familias que dejaron la ciudad por amor de Dios.
Su padre contaba a menudo que había visto todo desde el otro lado del lago: los rayos desgarrando los edificios, los abismos que engullían los restos de la ciudad. Le gustaba contar cómo un arcoíris se había visto durante tres días después de la destrucción de la ciudad maldita.
Había visto llegar veleros trayendo lotes de refugiados de los cuales ciertos hablaban un idioma desconocido a pesar de que les había conocido hablando el mismo idioma que él algunas semanas antes.

Nuestro grupo recogió a algunos de estos refugiados que seguían hablando nuestro idioma, pero ¿hablábamos realmente ya el mismo idioma o el idioma de Oane desapareció con la ciudad?
Mi madre tenía veinticinco años y era la guardiana de la gran biblioteca. Había huido con numerosos libros y sólo los que hablaban del mensaje de Dios todavía se podían leer. De hecho, mientras que antes hablábamos todos el mismo idioma, la ira del Altísimo nos había condenado a hablar en diferentes decenas de dialectos, separando a los humanos los unos de los otros y obligándoles a entenderse para sobrevivir.

Al principio se decía que sólo los justos habían sobrevivido, pero nos dimos cuenta rápido que pecábamos por orgullo diciendo que éramos mejores que los otros. Fuimos conscientes que entre nosotros no todos tenían el corazón puro y que el miedo les había hecho huir lejos de su Fe en Dios.

Para los supervivientes, los primeros años fueron penosos y la incomprensión, junto con nuestra miseria, impedía la creación de un grupo unido. Algunas comunidades se formaron rápidamente y se agruparon en tribus.

Yo tenía doce años cuando mi tribu tomó la decisión de partir hacia la puesta del sol, esperando así acercarnos a Él.

Dios parecía habernos abandonado, pero no le abandonaríamos de nuestro entorno. Nos quedaba la esperanza de que un día perdonaría a la humanidad por el hecho de haberle servido tan mal.

Ánani, como primer hijo nacido desde la destrucción de la gran ciudad, fue instruido como se instruyen los sacerdotes de Oanilonia, y, sorpresivamente, cuando tenía apenas siete años podía citar cualquiera parte del libro de Oane.
A la edad de diez años agrupó todo lo que sabíamos de la historia de la humanidad desde Oane hasta la destrucción de la ciudad, él decía:


Citation:
”Si estas cosas son olvidadas cometeremos los mismos errores, no enfademos a nuestro Creador y sepamos mostrarnos dignos.”



Ánani, aunque era más joven que todos los otros estudiantes, pudo muy rápidamente sobrepasarme en el arte de la caligrafía y su pasión por el dibujo hizo que mezclara a los dos en sus relatos.

Era el que prolongaba la memoria de los suyos gracias a la escritura; cosa nueva para nosotros porque los únicos escritos que teníamos eran poesía, los libros de cuentas de la ciudad y los textos sagrados del templo. El gran libro de Oane había desaparecido con la gran biblioteca pero Ánani copió las memorias de los ancianos sobre finas tablas de madera o grabando tablones de piedra.

Nada le desviaba de su misión, preguntaba a los ancianos y transcribía incansablemente sus historias: la manera de construir una barca, la forma de plantar el maíz o los relatos de la vida de nuestro pueblo desde el día en el que nuestro Creador destruyó la ciudad maldita y la cubrió de sal.

Se decía que si era tan erudito y sabio, era porque fue bendecido por Oane mismo cuando apareció, cuarenta días después del día de las cenizas. De hecho, pienso que estaba inspirado por los justos que Dios había hecho llegar al paraíso.

Cuando Ánani murió, cuatro generaciones estaban presentes para llorarle, y lloraron durante diez días. El décimo día como se solía hacerse en esta época, llevaron su cuerpo sobre la colina más alta para quemarlo a la salida del sol.

En efecto, los más ancianos de la tribu habían oído las palabras del Altísimo que decían que el paraíso estaba en el sol. Queriendo ayudar al alma del difunto a llegar al sol, usaron en adelante la cremación. Lo hacían cuando el sol tocaba el horizonte para que el alma pudiera ir sin cruzar a la vista de los malditos en la Luna.

Pero el fuego no prendía… Un arcoíris se formó desde el sol hasta el pie de la hoguera y el alma de Mhour pareció salir de su cuerpo, se dirigió hacia la luz y se dio vuelta por un momento para decir:


Citation:
”No me lloréis porque adónde voy seré un ángel entre los ángeles, no destruyáis mi cuerpo porque es un regalo de Dios, es materia y debe volver a la materia. Que desde ahora el fuego sea reservado a la purificación de los cuerpos impuros y el entierro para todos los que creen en Él.
Preservad el mensaje de Dios para el día en el que elegirá a su primer profeta, porque ese día necesitará que sus palabras sean recordadas a los seres que pueblen la creación.”


Luego pareció subir sobre el arco iris para ir directamente al Sol acompañado por un nubarrón celeste idéntico al que los antiguos habían descrito llevándose siete humanos de la ciudad de Oanilonia antes de que los abismos la engulleran y que la sal recubriera el lugar maldito.

Se acerca mi hora y estoy aquí, en el mismo lugar donde se encontraba hace unos sesenta años la gran ciudad, la que acarreó sobre nosotros la cólera justa pero implacable de nuestro Creador.

Ánani me dijo un día:


Citation:
Espero que un día los humanos se acuerden que Dios dijo que la creación estaba sometida a la humanidad, pero no dijo que la humanidad debía estar sometida a algunos de los suyos. Necesitamos jefes, pero jefes justos, jefes que vivan para su pueblo y no de su pueblo. Espero que un día seamos gobernados por servidores del pueblo y no como fue el caso de la ciudad maldita, por servidores de ellos mismos.



Acabo este texto rezando a nuestro Creador que me permitió ver de nuevo a mi amigo después de mi muerte, porque me gustó como una hermana, porque lo ame como su esposa, pero él tenía solamente el pensamiento de servir a Dios y a su pueblo, y no podía ligarse a una sola persona.

Encierro este texto en un baúl de oro en la sal que señala, todavía y para siempre, el emplazamiento de la primera ciudad de los hijos de Dios y junto a esos cuatro textos de mi amigo, de mi amor, para que un día quizás sirvan de memoria a la humanidad.

La historia de mi pueblo (por Mhour)

La destrucción de Oanilonia, que se efectuó el día de Mercurii, fue sólo el principio de nuestro castigo. Le llamamos "Mercurii de las cenizas".
Había siete grupos que hablaban ahora lenguas diferentes y desconfiaban unos de otros, y para empeorarla, había muy poco alimento. Nuestro grupo tomó la dirección del poniente y marchó cuarenta días.

Durante los cuarenta días teníamos sólo muy poco para alimentarnos, lo justo: una planta extrañamente nutritiva que únicamente servía en principio para alimentar a los cerdos del dueño Mayhiz, pan encontrado sobre una de las embarcaciones que habían huido la ciudad y algunos pescados que eran reservados para los niños antes de nuestra salida.

Reemplazábamos pues el alimento por la oración y los placeres por las penitencias. El pueblo se maldecía de haber preferido el placer a la oración y a la contemplación.

El cuadragésimo día, Oane se nos apareció. Los que habían visto su estatua en el gran templo le reconocieron de forma inmediata y se arrodillaron, golpeándose el pecho suplicándole interceder por ellos cerca de Dios.
Se dirigió hacia mi padre, y le dijo:


Citation:
Mhor, tu hijo es el primer nacido desde el día de las cenizas. Guiaste a tu tribu cuarenta días en la privación y la oración sin pedir nada para ti, que sepas que tus oraciones han sido oídas y que mañana será un día graso para los tuyos. Dejad de lamentaros por las faltas de los antiguos, porque Nuestro Creador me dijo "lo juzgaré, respecto a la vida que tuvo y no a las faltas de sus padres".

Debéis vivir el presente y no llorar el pasado, serás el guía de tu pueblo, e instruirás a tu hijo para que abra la vía que conducirá a los profetas.
Dios pide solamente vuestro amor y podéis dárselo solamente si os queréis a vosotros mismos. Que el perdón de las faltas sea dado a los arrepentidos, pero destierre al que reincida contra la palabra dada.
El mañana es un regalo de Dios, juerguéese porque será el día de la renovación. Que los cuarenta días pasados no sean la imagen de su vida, no busquéis a Dios en el sufrimiento, sino acordaos de haber sufrido por no perderlo. Voy a dejaros perseguir su vida, reposad y acabad con todos los alimentos y el vino que quedan, porque mañana será el día de la renovación.



Mi tribu pues se regocijó, los que todavía tenían pan lo compartieron con su vecino, el vino también fue compartido hasta la última gota. Este día fue el día el primer gran día desde el Mercurii de las cenizas.
Todo el mundo durmió como yo, es decir, como el bebe que yo era, y despertándose con el sol la gente vio que había una fuente de agua corriente no muy lejos y un poco más lejos un oasis lleno de frutos y de animales.

En el centro del oasis se levantaba una estela sobre la cual fue fijada la tabla de Oane, la tabla que repetía los mandamientos de Dios. Esta piedra que había sido grabada por los dedos del Creador y confiada a la primera comunidad para que jamás olvide que más allá del Amor estabamos ligados a la ley de la Creación. Esta piedra que, sin embargo, debería haber desaparecido con la ciudad, estaba allí intacta, pero escrita en una lengua que ya no sabíamos leer. Mas eran las leyes del Altísimo, no estábamos dispuestos a olvidarlas de nuevo.

Allí es pues, cerca de la estela, donde mi pueblo se instaló en su mayoría. Desde hace más de cuarenta años de paz y de felicidad vivimos aquí y rezamos a Dios para que perdone a sus hijos.

Otros continuaron hacia el mar y más allá, para extender la raza humana en toda la creación.


Las 3 tesis de A. Mhour

Recordamos su vida y sobre todo sus tres principales tesis.

La primera podría ser una de las fuentes de la jerarquía no familiar


Citation:
Dios creador del mundo es el Padre y hay que quererle, temerle y respetarle; pero esto es pues válido para todos los hijos hacia su padre y madre. Y de manera general si el padre tiene autoridad sobre el hijo, es porque todos los que tienen la autoridad sobre nosotros deben ser queridos, ser temidos y ser respetados como un padre. Pero así como el padre debe proteger a su hijo, tener la autoridad sobre otra persona comporta las mismas responsabilidades. El que, por una razón cualquiera, toma el cargo de padre debe aceptar los honores pero también las responsabilidades.


La segunda tesis de Mhour señalaba que el Señor recompensaba la amistad por la longevidad de las cosas.


Citation:
Oane dijo un día en el momento de la creación de nuestra primera ciudad que "es por el amor y la complementariedad que vosotros podréis crear, porque nuestro Creador nos quiere totalmente unidos en la vida como servidores humildes de la creación".

Tal es la verdad que por olvidarnos de ella el Todopoderoso nos castigó, cada uno queriendo volverse el dueño y hacer de su hermano delante de Dios un servidor.

El amor por el saber impulsó al humano a crear la escritura para conservarlo, pero la escritura sin amor es sólo la continuación de palabras tristes y sin alma. Es el amor por la escritura el que hace que un escrito tome todo su sentido y el amor de la lectura el que hará que ese texto no esté perdido.

Todo lo que es hecho para durar debe ser hecho con amor y amistad. Si el masón trabajó sin amistad hacia su cliente, la casa que construya se derrumbará con los primeros vientos.



La tercera tesis, que posiblemente le guste más, es que el que domina la palabra posee numerosos poderes y debe servir con un buen fin y por la paz.


Citation:
Voy a contarte la historia de Ocless, quien fue una gran dama, pero que, aunque poseía el poder de la palabra, prefería el de la espada.

Ocless era la matriarca de una gran familia hoy olvidada. Cada vez que una discusión se tornaba en desventaja, sacaba su espada y la colocaba delante de ella, apuntando hacia su contradictor. Rápidamente la discusión giraba en la dirección deseada por la dama y burlona envainaba su espada en la funda.

Su familia desapareció porque, no teniendo nadie que se atreviera a contradecirla en sus palabras, pudo solamente persistir en sus errores y conducir a su familia a la quiebra. Era imposible para el clan vivir sin interrupción, con miedo de la espada de la dama Ocless por encima de ellos.

Todo hombre y toda mujer tiene como misión salvar la humanidad a los ojos de Dios y debe hacerlo por qué la humanidad ha sido escogida para ocuparse de la creación. El humano debe pues, ser feliz ayudando a su prójimo a serlo, porque no se puede concebir dar el amor alrededor de sí si no es ya feliz.

Dios en su gran sabiduría nos dio más que la palabra, nos dio la posibilidad de utilizar esta palabra para propagar la amistad y la felicidad. Es nuestro deber utilizar la palabra para reconfortar a nuestros semejantes y hacerles felices, pero la palabra es también una arma poderosa y sería bueno que los que detienen las llaves no puedan estar además armados. El humano está hecho de espíritu y de materia, posee dos tipos de armas, una fundada sobre el espíritu y la otra sobre la materia.

El arma del espíritu dada por Dios está hecha de políticas, prédicas y diplomacias. Debe prohibir, al arma de la materia que derrama sangre odio, su desenfundadura. Para esto sería ventajoso que los que llevan la palabra no lleven la espada.


Revisado por Chapita
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