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[RP] Basilica di Sancta Maria Rotunda
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Sixtus
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MessagePosté le: Ven Mar 12, 2021 7:10 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Levantando las manos al cielo, el anciano dijo a la asamblea: Alégrense ustedes que están aquí reunidos en este momento de fiesta que marca la entrada del joven Felipe al más grande servicio del Altísimo y de su Santa Iglesia Aristotélica Romana y Universal. A partir de hoy la Iglesia tendrá un nuevo ministro para difundir la palabra sagrada.
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Kalixtus
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MessagePosté le: Ven Mar 12, 2021 7:36 pm    Sujet du message: Répondre en citant

    Kalixtus se puso en pie y caminó hacia el ambón, luego abrió el Libro de las Virtudes y leyó con voz clara:

      "Los fieles de Dios, aquellos que han aprendido la enseñanza de Aristóteles y que quieren seguir el camino que yo les trazo, tendrán que formar una comunidad de vida.
      Esta comunidad encontrará su sentido, y permitirá a cada uno vivir en la virtud, sólo si está unida en la amistad mutua que cada uno de sus miembros deberá mostrar hacia los demás.
      Para guiarte, seré el padre de esta comunidad, estableceré sus principios, y mis sucesores harán lo mismo después de mí". - Palabra de segundo profeta.

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Sixtus
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MessagePosté le: Ven Mar 12, 2021 7:41 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Tras la lectura, el pontífice se volvió al alumno mirándole en los ojos: Querido hijo, si realmente es tu deseo servir al Altísimo y a su Santa Iglesia, única guía para la salvación de las almas, comprométete con este fin ante el Todopoderoso y tus hermanos aquí reunidos, en cuerpo o en espíritu.
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Felipe...
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MessagePosté le: Ven Mar 12, 2021 7:53 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Felipe escuchó en un silencio tranquilo la lectura del Libro de las Virtudes por el cardenal Kalixtus. Se sentía muy feliz de estar allí ante aquellos dos hombres santos, ambos se habían convertido en sus guías y maestros, así que la ceremonia era el culmen de todo su trabajo y vocación.

—Yo, Felipe Álvarez de Toledo y Josselinière, juro, con todo mi corazón y mi alma, ante el Todopoderoso, ante la Asamblea de los Santos, ante la Comunidad de los Fieles, no llevar armas de combate, con el fin de ofender violentamente a mis hermanos, para ser testigo de paz y amistad en la sociedad humana.

—Juro, con todo mi corazón y mi alma, ante el Todopoderoso, la Asamblea de los Santos, la Comunidad de los Fieles, adherirme con cada acto, palabra y pensamiento a los preceptos del Dogma Aristotélico y del Derecho Canónico, bajo la guía de mi Obispo, la Curia y el Papa, así como obedecer fielmente a los padres de la Iglesia Aristotélica que son superiores a mí según el Derecho Canónico.

—Juro, con todo mi corazón y mi alma, ante el Todopoderoso, la Asamblea de los Santos y la Comunidad de los Fieles, seguir una conducta de vida ejemplar, despreciando los bienes temporales en aras de los espirituales,
aumentar, mediante el estudio y la oración, mi fe en Aristóteles y en el Segundo Profeta, para ser modelo y guía de los que me serán confiados.

—Juro, con todo mi corazón y mi alma, ante el Todopoderoso, la Asamblea de los Santos y la Comunidad de los Fieles, entregarme enteramente a la Iglesia Aristotélica. Ni la familia, ni el partido ni la facción tendrán más peso en mi vida.

—Hoy, dejo de ser hombre y, sin rostro, nombre o bien que me pertenezca, me convierto en la Iglesia. Hago voto de respetar por encima de todo el celibato prescrito en ella. Mi familia es ahora la Iglesia, los fieles son mis hijos, mis compañeros son mis hermanos, mis superiores mis padres.

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Sixtus
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MessagePosté le: Ven Mar 12, 2021 8:02 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Con voz seria y amonestadora, respondió al joven: Deja que estos cuatro votos tuyos se graben en tu corazón; imagen de los cuatro elementos que forjaron la tierra, te harán un hombre nuevo y más digno. Mientras los respetes, tu vida será de Dios. Ay de los que tratan de desviarte de tus intenciones.

Después de una breve pausa, para que el joven entendiera bien los votos que había hecho, dijo simplemente: Felipe, te juzgamos digno de ser sacerdote del Altísimo y de recibir el don del contacto con el Éter.

Imponiendo las manos sobre su cabeza, reanudó: ¡Que el Altísimo proteja a este hombre de los impuros y lo haga uno de sus fieles!
Que el Santísimo Aristóteles inspire las Virtudes en sus pensamientos.
Que Nuestro Creador lo bendiga, para que sea elegido al servicio de la difusión de Su palabra.
Que el Santísimo Christos inspire la paz en su corazón y lo guíe como guió a los Apóstoles.
Que este hombre se convierta en el guía de los creyentes hacia la paz, el amor y el Paraíso Solar.
Por el Segundo Profeta que consagró a los Apóstoles y por el poder que nos transmitió para perpetuar este gesto, Felipe, te elevamos a la dignidad sacerdotal para que seas el portador de la Verdadera Fe en la Comunidad de los Fieles.

Felipe, eres consagrado como sacerdote para la gloria del Creador y de su Iglesia terrenal. En adelante, cualquier acto blasfemo que se haga contra ti será un insulto al Altísimo mismo.


Entonces tomó el anillo, también el mismo de su propia ordenación, y lo puso en su dedo, diciendo: Recibe este anillo, signo de fidelidad esponsal que te une a la Iglesia y al Altísimo. Que lo lleves en la integridad de tu fe y en la pureza de tu vida.

Esta vez, susurrando al oído del chico: Que te traiga mayor fortuna que a los que lo han llevado antes que tú
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Felipe...
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MessagePosté le: Ven Mar 12, 2021 9:36 pm    Sujet du message: Répondre en citant

El tiempo parecía haberse detenido en ese momento: la magnificencia del templo hacía que la voz del pontífice se perdiera en las alturas con un eco debilitado, mientras el gran rayo de luz que entraba desde el óculo los abrazaba e iluminaba a ambos como si fuera un momento de éxtasis divino. El chico se arrodilló delante del sumo pontífice y sintió que las arrugadas manos del anciano se posaban sobre su cabeza, pronunciando las palabras de la consagración, tal y como habían hecho todos los obispos hacia sus sacerdotes desde los tiempos del segundo profeta. Escuchó cuáles serían las responsabilidades ligadas a todo sacerdote, que serían las que iban a regir su vida de ahora en adelante, el simbolismo de los cuatro elementos que materializaban su lazo con el Todopoderoso, y todas las bendiciones que hicieron sonreír al joven seminarista. Aquellas últimas palabras le transmitieron seguridad, confianza en sí mismo, y la bendición de Dios. Había dejado de ser un muchacho para convertirse en un hombre, que de ahora en adelante tendría una gran responsabilidad y un cometido bien definido en su vida. Finalmente, Sixto le entregó un anillo, de plata y con una pequeña piedra; parecía haber vivido mejores tiempos, porque estaba rozado e incluso algo golpeado. Entró con facilidad en su dedo, y luego aquel susurró cómplice de quien había y seguía siendo su maestro. Cerró el puño sabiendo que aquel anillo sería para siempre un recuerdo que guardaría con mucho cariño.

—Dios dispondrá, Magister.respondió Felipe también susurrando a Sixto.

Luego el muchacho se levantó y besó nuevamente con gran reverencia la mano del pontífice, y observó con orgullo a toda la familia y amigos que habían participado de ese momento tan especial, que sin duda sería un recuerdo que no olvidaría hasta el último aliento, hasta su último día.
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Magister Ceremoniarum



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MessagePosté le: Dim Sep 10, 2023 1:55 am    Sujet du message: Répondre en citant



        His Majesty, Jean Germain
        King of the Crown of Aragon

        Died on 7 September 1471 in Segorbe, Kingdom of Valencia, at the age of 28 years.

        May he rest in peace.
        His family requests a prayer for his soul.

        Requiem Mass, Monday 11th September, in the Basilica of St. Mary Rotunda



        Sa Majesté, Jean Germain
        Roi de la Couronne d'Aragon

        Décédé le 7 septembre 1471 à Segorbe, Royaume de Valence, à l'âge de 28 ans.

        Qu'il repose en paix.
        Sa famille demande une prière pour son âme.

        Messe de requiem, lundi 11 septembre, en la basilique Sainte-Marie-Rotonde.

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Felipe...
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MessagePosté le: Mar Sep 12, 2023 12:18 pm    Sujet du message: Répondre en citant

    [HRP]

    Todos los fieles son bienvenidos a participar, respetando siempre el templo y el carácter sagrado de la ceremonia.

    Los creyentes no bautizados no pueden comer el pan de la amistad. Los paganos o heterodoxos sólo podrán seguir la ceremonia desde la puerta de la iglesia.

    El sacerdote estará asistido por uno o varios ayudantes que responderán a todas las oraciones en latín (texto en rojo); esto significa que los fieles pueden permanecer en silencio o responder también a todas o sólo a algunas partes de la liturgia.

    En este primer post se recomienda rezar al menos el Confiteor.




-----------------------------

-----------------------------Misa de requiem
-----------------------------Feria minor - simplex
-----------------------------Intenciones por el difunto Jean Germain Álvarez de Toledo-Josselinière

-----------------------------Basílica de Santa María de la Rotonda, Roma
-----------------------------11 de Septiembre, MCDLXXI


Las campanas de la Basílica en la Rotonda comenzaron a sonar aquella tarde del once de septiembre, pero no era el tañido habitual de las misas, que era alegre y especialmente melodioso, sino cadencioso, lento, solemne, el habitual en las misas de difuntos y de réquiem. En las puertas del templo colgaban las esquelas de los difuntos que habían sido enterrados o iban a serlo próximamente, pero una de ellas era especialmente grande, la de Jean Germain, el hermano del cardenal Felipe.

-----------------------------

En la sacristía, la algarabía habitual de los chicos del coro y el murmullo de las conversaciones del clero de la Basílica en los preparativos previos a la misa, había sido sustituido por conversaciones susurradas, casi esquivas. Todos sabían lo afectado que se encontraba el cardenal por el fallecimiento de su hermano mayor, así que intentaban, a su manera, mantener un silencioso respeto por él y el difunto. Mientras tanto, el prelado hispánico empezaba a ser vestido por los diáconos: su mirada estaba perdida en el crucifijo del pequeño altar de la sacristía, mientras su mente, por contra, volaba en una miríada de pensamientos y de recuerdos compartidos con Jean. Este había sido el hermano mayor de los Álvarez-Josselinière, y de una forma u otra, se había convertido en la autoridad de la familia a la muerte de sus padres. No obstante en los últimos tiempos había tenido pocos momentos que compartir con él, puesto que cada uno de los hermanos había decidido tomar su propio rumbo, y su separación sólo se veía interrumpida por acontecimientos muy puntuales. Le parecía imposible creer que él ya no estaba, que ya no existía. Había desaparecido discretamente, sin grandes pompas ni ceremonias, tal y como fue su vida incluso como monarca de la Corona de Aragón. Jean aborrecía las formalidades, así que el pequeño de los tres hermanos sabía que, allá donde la magnanimidad y el perdón del divino Dios le hubiera concedido estar, él lo estaría increpando por siquiera celebrar aquella misa de réquiem. Felipe no podía, en la calidad del puesto que ocupaba en el seno de la Iglesia, por convicción personal y amor fraternal, dejar que el alma de su hermano vagase en la incertidumbre de un perdón que solo el Altísimo sabría si podría finalmente llegarle: tenía, pues, la imperiosa necesidad de rogar por la salvación de su alma, con al menos, un servicio fúnebre. Aún tenía en su escritorio aquella carta, arrugada y con la tinta corrida por sus propias lágrimas, las vagas explicaciones del canciller: un accidente en una cacería, el ataque de un oso. Incluso se decía que su cuerpo había sido profanado por las dentelladas de la bestia. Parecía un final casi irónico si no fuera por el hecho de que ahora dejaba una familia y un reino huérfanos. Y el desconsuelo de sus hermanos, o eso quería creer Felipe. Se sentía, por otro lado, devastado por la ausencia de su hermana Inés. Sabía que ella tuvo grandes desencuentros con Jean a lo largo de los últimos años, pero no perdía la esperanza en que ella en algún momento pudiera perdonarlo.

La puerta de la sacristía se abrió para anunciar la llegada del cardenal Aleixar. Los ojos claros de Felipe volvieron a la vida y se centraron en su colega, cuya presencia aquel día en la Basílica lo confortaba y alegraba en medio de aquel sufrimiento. La tarde anterior recibió en su villa una breve misiva escrita del puño y letra del prelado catalán para darle su pésame y solicitar su asistencia a la misa como cooficiante, en respeto por la familia y por el fallecido, ya que este había sido uno de los reyes hispánicos. Quién lo iba a decir, un catalán en los oficios por un monarca que tantos quebraderos de cabeza le había dado al Principado: sin duda Dios inspiraba misericordia y compasión a sus temerosos hijos.


- Gracias por venir, querido hermano - Felipe besó la mano de Roderic intentando mantener la compostura, pero no lo hizo solo protocolariamente, sino también con el respeto mutuo que se profesaban, ellos, que habían compartido tantos desvelos por la fe en la Península. Lo cierto era que sentía un gran aprecio por él, porque sin haberse dado cuenta, el prelado catalán se había confirmado, por derecho propio, como uno de los grandes clérigos de la Iglesia Hispánica en los últimos años y su baluarte más insigne. Al fin y al cabo, Roderic había recogido el maltrecho testigo que dejó Felipe al marcharse a Francia, y ese gesto liberador, le había dado a él la nueva vida allende los Pirineos que tanto había anhelado. Le debía demasiado.

El Álvarez hizo un gesto a los diáconos y a los miembros del coro para que les dejaran solos, y cuando la sacristía se vació de gente, Felipe mismo buscó en los armarios y cajones las prendas litúrgicas para Roderic. Eran también negras, y los bordados en oro hacían juego con los suyos. - Esto me recuerda al día de tu ordenación. Yo fui uno de los que te ayudaron a revestirte.- sus movimientos eran casi mecánicos, habituados a manejar aquellas prendas, a ajustar perfectamente las cintas, los nudos, los broches. La conversación intentaba eludir cualquier palabra sobre su hermano Jean, pues su mente necesitaba liberarse un poco de todos aquellos pensamientos tortuosos. Luego abrió una cajonera forrada de seda, en la que se guardaban las mitras, y buscó dos, una para cada uno. Dejó la suya sobre el pequeño altar, y la otra se la ciñó a Roderic, cuidando de que quedase nivelada y con las ínfulas colgando sobre sus espaldas de forma pareja. Intentó esbozar una sonrisa, pero sólo pudo agachar la mirada - ¿Alguna vez has creído estar muerto en vida?- miró a su homólogo a los ojos mientras introducía una mano sobre sus propios cabellos dando un paso atrás. - No encuentro consuelo...- Felipe no estaba muy acostumbrado a compartir sus penas con personas que no fueran de su familia, pero en la ausencia de esta y empujado por la necesidad del momento, el de Aleixar era más que un digno consejero. El cardenal-infante se dejó caer pesadamente sobre una silla, haciendo que los bajos de su casulla se arremolinaran sobre el suelo de cualquier forma.

Instantes más tarde, uno de los rectores tocó en la puerta con sus nudillos, anunciando que todo estaba preparado. El cardenal bordelés suspiró profundamente y su rostro, que se había vuelto permeable a sus propios sentimientos mientras hablaba con Roderic, volvió a ser el mismo de siempre cuando oficiaba la divina liturgia: protocolario, solemne y dignamente inexpresivo. Felipe permitió que el prelado catalán caminase delante de él y ambos se unieron a la procesión.



-----------------------_______________------

Se abrió la puerta de la sacristía dando inicio a la procesión de entrada. Delante la cruz guía, los faroles, el coro y a continuación los sacerdotes: el diácono portando un ornamentado ejemplar del Libro de las Virtudes, los asistentes, Roderic como cooficiante de la ceremonia y finalmente Felipe, titular de la Basílica, todos vestidos con ornamentos de color negro -propio de las misas de difuntos y de requiem- llegaron frente al altar. El subdiácono tomó las mitras de ambos cardenales y luego cada uno tomó su lugar mientras inclinaban sus cabeza ante el lugar más más sagrado de la iglesia: el altar.

Al inicio de la Misa, el coro comenzó cantando el Introito propio de los oficios de difuntos:


-----------------------------

Réquiem ætérnam dona eis, Dómine: et lux perpétua lúceat eis.
V/. Te decet hymnus, Deus, et Tibi reddétur votum: exáudi oratiónem meam, ad Te omnis caro véniet.



El cardenal, acompañado de su homólogo catalán, vuelto hacia el altar y de espaldas a los fieles, se sitúa en el centro, delante de la grada más baja, hace la señal de la cruz y reza alternativamente con el prelado catalán en voz baja:
In nómine Altíssimi, et Aristótelis, et Christi. Amen

Felipe entonces junta sus manos sobre su pecho e inicia la antífona:
Introíbo ad altáre Dei.
Y Roderic respondió:
M/. Ad Deum, Qui lætíficat juventútem meam.

El Álvarez omitió el salmo "judicame Deus", como era habitual en las misas de difuntos; lo mismo haría con la repetición de la antífona más tarde.
Emítte lucem Tuam et veritátem Tuam: ispa me deduxérunt, et adduxérunt in montem sanctum Tuum et in tabernácula Tua.
M/. Et introíbo ad altáre Dei: ad Deum, Qui lætíficat juventútem meam.
Confíteor Tibi in cíthara, Deus, Deus meus, quare tristis es ánima mea, et quare contúrbas me?
M/. Spera in Deo, quóniam adhuc confitébor Illi: salutáre vultus mei et Deus meus.

Luego el oficiante vuelve a hacer la señal de la cruz y dice dirigiéndose a la congregación:
Adjutórium nostrum in Nómine Dómini.
R/. Qui fecit cœlum et terram.

A continuación, con las manos orantes, se inclina profundamente y hace el acto de confesión. Todos los fieles lo rezan también:
Confíteor Deo Omnipoténti, beáto Aristóteli Prophétæ,
beáto Christo Prophétæ, sanctis Archángelis,
beáto Tito Apostólo, ómnibus Sanctis,
et vobis, fratres, quia peccávi nimis cogitatióne, verbo et ópere:
mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.
Ideo precor beátum Aristótelem Prophétam,
beátum Christum Prophétam, sanctos Archángelos,
beátum Titum Apostólum, omnes Sanctos,
et vos, fratres, oráre pro me ad Dóminum Deum nostrum.
Amen

R/ Confíteor Deo Omnipoténti...

Después de que Roderic y los acólitos recitan también el confiteor, el oficiante prosiguió:
Misereátur vestri Omnípotens Deus, et, dimíssis peccátis vestris, perdúcat vos ad vitam ætérnam.
R/. Amen.

Luego, haciendo la señal de la cruz bendiciendo a los presentes, dijo:
Indulgéntiam, absolutiónem et remissiónem peccátorum nostrórum tríbuat nobis Omnípotens et Miséricors Dóminus.
R/. Amen.


-----------------------------


El cardenal subió al altar y recitó en secreto, susurrando: Aufer a nobis, quæsumus, Dómine, iniquitátes nostras: ut ad Sancta sanctórum puris mereámur méntibus introíre.
Luego, con las manos apoyadas sobre el altar, se inclinó profundamente y dijo: Orámus Te, Dómine, per mérita Sanctórum Tuórum, Felipe besó el altar y prosiguió: quorum relíquiæ hic sunt, et ómnium Sanctórum: ut indulgére dignéris ómnia peccáta mea. Amen.

Como era una misa pontifical, el altar debía ser bendecido. Se acercó el turiferario con la naveta llena de incienso, y otro acólito entregó el incensario al cardenal Roderic, que lo sostuvo en sus manos. A continuación Felipe bendijo el incienso, diciendo: - Ab Illo benedicáris, in Cujus honóre cremáberis. Antes de incensar, el oficiante, en honor de Dios y de los dos Profetas, con una cucharilla echó incienso tres veces en el fuego del incensario y lo bendice haciendo la señal de la Cruz. Roderic entregó el incensario a Felipe e inciensó primero la Cruz del altar, luego las reliquias y luego el altar mismo. Finalmente, se lo devolvió a Roderic para que este inciensa al Álvarez tres veces, porque representaba a los Profetas como Ministro de Dios.

-----------------------------

Cuando los cardenales terminaron con el rito de la incensación del altar, el coro cantó el Kyrie..

-----------------------------

Kyrie eleison,
Kyrie eleison,
Kyrie eleison.

[Señor, ten piedad.]

Cuando terminó el canto del Kyrie, Felipe, dirigiéndose al pueblo congregado, dijo:
Dóminus vobíscum.
R/. Et cum spíritu tuo.

Luego, extendiendo las manos, prosiguió con las oraciones: Orémus.

Quæsumus, Dómine, ut ánima fámuli Tui Ioannis Germanicus, Cujus depositiónis diem tértium commemorámus, Sanctórum atque electórum Tuórum largíri dignéris consórtium: et rorem misericórdiæ Tuæ perénnem infúndas. Qui vivis et regnas per ómnia sæcula sæculórum.
    [Te rogamos, Señor, que el alma de tu siervo Jean Germain, de quien conmemoramos el tercer día de la deposición, sea asociada a tus santos y elegidos: y sea infundida de tu misericordia. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén]

Deus, ómnium Cónditor et Redémptor: animábus famulórum famularúmque Tuárum remissiónem cunctórum tríbue peccatórum; ut indulgéntiam, quam semper optavérunt, piis supplicatiónibus consequántur. Qui vivis et regnas per ómnia sæcula sæculórum. Amen
    [Dios, Fundador y Redentor de todos: por las almas de los siervos y siervas, te pedimos la remisión de todos sus pecados; para que con nuestras piadosas súplicas puedan obtener la indulgencia que siempre han deseado. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén]

Deus, ómnium fidélium pastor et rector, fámulum Tuum Sixtus, quem pastórem Ecclésiæ Tuæ præésse voluísti, propítius réspice: da ei, quæsumus, verbo et exémplo, quibus præest, profícere; ut ad vitam, unam cum grege sibi crédito, pervéniat sempitérnem. Qui vivis et regnas per ómnia sæcula sæculórum. Amen
    [Dios, pastor y regidor de todos los fieles, mira más favorablemente a tu siervo Sixto, a quien has elegido para presidir tu Iglesia: concédele, te rogamos, que triunfe con la palabra y el ejemplo, él que tiene a su cargo el rebaño que en ti cree, para siempre. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén]
R/. Amen


A continuación, los dos cardenales y los asistentes tomaron asiento - Felipe en la cátedra, presidiendo, y Roderic en otro asiento a su derecha- mientras el coro entonaba el "Dies Irae", la secuencia propia de las misas de difuntos antes de la lectura del Libro de Las Virtudes.

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          Dies iræ, dies illa
          solvet sæculum in favílla:
          teste Ysúpso cum Sibýllia.
          Quantus tremos est futúrus,
          quando judex est ventúrus,
          cuncta stricte discussúrus!
          Tuba, mirum spargens sonum
          per sepúlcra regiónum,
          coget omnes ante thronum.
          Mors stupébit et natúra,
          cum resúrget creatúra,
          judicánti responsúra.
          Liber scriptus proferétur,
          in quo totum continétur,
          unde mundus judicétur.
          Judex ergo cum sedébit,
          quidquid látet, apperébit:
          nil mult remanébit.
          Quid sum miser tunc dictúrus?
          Quem patrónum rogatúrus,
          cum vix justus sit secúrus?
          Rex tremendæ majestátis,
          qui salvándos salvas gratis,
          salva me, fons pietátis.
          Juste judex ultiónis,
          donum fac remissiónis
          ante die ratiónis.
          Ignemísco, tamquam reus:
          culpa rubet vultus meus:
          supplicánti parce, Deus.
          Qui Grachium absolvísti,
          et latrónem exaudísti,
          mihi quoque spem dedísti.
          Preces meæ non sunt dignæ:
          sed Tu bonus fac benígne,
          ne perénni cremer igne.
          Inter oves locum præsta,
          et ab hœdis me sequéstra,
          statuéns in parte dextra.
          Confutátis maledíctis,
          flammis áctibus addíctis:
          voca me cum benedíctis.
          Oro supplex et acclínis,
          cor contrítum quasi cinis:
          gere curam mei finis.
          Lacrimósa dies illa,
          qua resúrget ex favílla
          judicándus homo reus.
          Huic ergo parce, Deus:
          Altíssime Dómine,
          dona eis réquiem.
          Amen

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Galathea



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MessagePosté le: Jeu Sep 14, 2023 3:05 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Galathea es una de las primeras en llegar a la basílica.
Vestidas de luto y con el corazón roto por la pérdida de un aliado importante, pero aún más tristes por la pérdida de un gran amigo.
Todavía no se resigna a la amarga verdad: el Rey German ya no está aquí, su querido amigo se ha reunido con su amada esposa Rosabelle en el Paraíso de Dios.
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Wenceslao.



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MessagePosté le: Jeu Sep 14, 2023 5:13 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Wenceslao, como fiel aristotélico y amigo entrañable de su Majestad Jean Germain, quiso despedirlo en su partida hacia el paraíso que nos aguarda junto al altísimo, allí seguro lo recibirá la que fuera su esposa y nuestra Reina Rosabelle.

El luto y el silencio era sepulcral y solo se rompía para estrechar la mano de los fieles asistentes que no querían dejar solo a nuestro Rey en su partida.

Con su traje negro, portando el escudo de la Orden de Calatrava en el pecho, y del brazo de su esposa Inés de Yieste, se adentraron en el templo y se acomodaron en el lugar dispuesto para ellos y así escuchar la misa de réquiem.
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Rossana_



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MessagePosté le: Jeu Sep 14, 2023 9:27 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Rossana llegó a la catedral, se enteró de la muerte del rey Germán y estaba muy triste por ello.
Con lágrimas en los ojos, se preparó para presentar sus últimos respetos al rey, esposo de la difunta reina Rosabelle.
Dos figuras importantes, que le habían dado tanto, que la habían amado.

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Zaira.nahir



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MessagePosté le: Dim Sep 17, 2023 11:21 am    Sujet du message: Répondre en citant

Ya en la Basílica, Zaira tomó un lugar para unirse a la oración. Si bien no era aristotélica la situación ameritaba que cualquier diferencia, incluso la religiosa quedara de lado.
Su Majestad German había sido bueno con ella, si bien por la guerra no tuvo oportunidad de conocerlo en demasía el tiempo transcurrido se lo demostró.

Su hermano oficiaba la Misa y esperaba tener oportunidad de darle el pésame en persona.
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Galathea



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MessagePosté le: Dim Sep 17, 2023 10:32 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Galathea lleva consigo una carta que le fue entregada por Su Excelencia Enricomaria Enricomaria Della Rovere, Duque de Tabarca y destinado al heredero del trono de Aragón.

[rp]
A Su Majestad Galatea Foscari Lancaster, Soberana del Reino de Valencia, Infanta de la Corona de Aragón, Duquesa de Valencia, Duquesa de Benicarló. Collar del Cid Campeador, Hija del Rey Mes III y Su Alteza Real Bianca Luce Foscari Asburgo

Mi Reina, como bien sabes, lamentablemente una de las consecuencias de la guerra inútil y desmotivada que ha ensangrentado la península Ibérica, fue una excomunión que afectó a unos soldados que sólo cumplían órdenes y cumplían con su deber, defendiendo su territorio de la invasión de aquellos que eran enemigos en ese momento.

Por eso ahora, en este triste momento de luto, mi lugar sería entre los bancos de la Basílica de Santa María della Rotonda para estar cerca del Rey de Aragón, con quien compartí los campos de batalla en defensa del reino de Valencia, en su último viaje y a su familia afectados por este triste suceso.

Lamentablemente, sin embargo, esta excomunión de la Iglesia que afectaba a soldados que simplemente cumplían con su deber de defender su tierra contra el invasor, me impide participar en ceremonias religiosas, por lo que le pido la cortesía de transmitir mi cercanía al infante de Su Majestad. , Máximo. y para confirmar mi lealtad hacia él como Heredero de la Corona.

Gracias.

Enrico María della Rovere




[/rp]



[rp]

A Sua Maestà Galatea Foscari Lancaster, Sovrana del Regno di Valencia, Infanta de la Corona de Aragón, Duchessa di Valencia, Duquesa de Benicarló. Collar del Cid Campeador, Hija del Rey Mes III y Su Alteza Real Bianca Luce Foscari Asburgo

Mia Regina, come ben sapete, purtroppo, una delle conseguenze della inutile e immotivata guerra che ha insanguinato la penisola Iberica, è stata una scomunica che ha colpito alcuni soldati che stavano soltanto eseguendo ordini e facendo il proprio dovere, difendendo il proprio territorio dall'invasione di quelli che ai tempi erano nemici.

Quindi ora in questo triste momento di lutto, il mio posto sarebbe stato tra i banchi della Basilica de Santa Maria della Rotonda per essere vicino al Re d'Aragona, con il quale ho condiviso i campi di battaglia a difesa del regno di Valencia, nel suo ultimo viaggio e alla sua famiglia colpita da questo triste evento.

Purtroppo però questa scomunica della Chiesa che ha colpito soldati che semplicemente compivano il proprio dovere difendendo la propria terra contro l'invasore, mi impedisce di prendere parte a cerimonie religiose, quindi vi chiedo la cortesia di portare la mia vicinanza all'infante di Sua Maestà, Maximus. e di confermare a lui quale Erede della Corona la mia lealtà.

Grazie.

Enrico Maria della Rovere



[/rp]
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RossaNegra.



Inscrit le: 18 Sep 2023
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MessagePosté le: Lun Sep 18, 2023 1:08 pm    Sujet du message: Répondre en citant

Al llegar a la Basílica RossaNegra con paso lento observó rostros conocidos a quienes saludó, inclinando su cabeza levemente respetando el silencio.

Miró al Heraldo Real, Zaira.nahir despedirse de quien había cuidado con honor, lealtad y sabiduría, así como a sus pequeños hijos.

Acercándose al féretro del Rey, puso dos lirios blancos a los pies del mismo, mientras en voz que solo ella podía escuchar decía: ya estás junto a mi Reina Rosabelle, os imagino sonriendo y desde donde estéis sé que velaréis por el bienestar de vuestros pequeños herederos. Sé que Maxumus será un reflejo de vuestra valentía y buen corazón para el reino ahora y siempre.

Antes de retirarse al lugar asignado para ella, miró al oficiante mientras con un leve movimiento de cabeza le dio sus condolencias.
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Roderic_
Cardinal
Cardinal


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MessagePosté le: Mar Sep 19, 2023 3:40 am    Sujet du message: Répondre en citant

Recordaba la primera y última vez que había visto al difunto rey, había sido en Segorbe donde teóricamente no me habían hecho prisionero, sino que me habían resguardado por mi seguridad, patrañas. La situación casi se sale de las manos y quizás, podría haber terminado muerto, pero acá me encontraba, entrando en la Basílica de Santa María de la Rotonda para acompañar a Felipe en la misa de réquiem en memoria de un rey hispano.

Al ingresar en la sacristía, lo primero que pude observar es en lo cansado que se veía Felipe, recuerdo las veces que nos cruzamos en los pasillos de la universidad y de la abadía, cuando aún éramos estudiantes. No era habitual que entre nosotros hiciéramos el beso en la mano, casi siempre habíamos mantenido un rango muy parecido entre ambos, por lo que la acción me llamo la atención y me hizo darme cuenta de lo muy afectado que estaba el Álvarez. Observe detenidamente cada uno de los movimientos realizados por el otro
no fue únicamente en mi ordenación, ha sido más de una vez, era bueno tenerte como mi compañero en tierras hispanas, a pesar de no coincidir tanto comente, mientras me dejaba vestir por el otro.

Nosotros hablamos mucho del consuelo y de la paz que debe mantener la familia en estos momentos, sin embargo, realmente no he tenido la pena de experimentar ese sentimiento por la pérdida comento, mientras observo a mi homologo, no estaba muy seguro de lo que debería de hacer en ese momento, pero tras haber estado en varios funerales, habiendo observado lo que se espera que se haga. Y sabiendo que lo que estaba por hacer era tan infrecuente en mí, no por falta de deseo, sino más bien de costumbres, me acerqué y envolví el cuerpo del castellano entre mis brazos, acercándolo para darle consuelola perdida puede ser enorme y poca gente puede comprenderlo, pero si en algún momento necesitas conversar o simplemente compañía, puedes buscarme para ello contra todo pronóstico deposite un muy breve beso en su mejilla, agradecí que tocaran la puerta en ese momento, pues no estaba muy seguro como debía de proceder fuera del protocolo habitual. Una amiga me había dicho que los besos y abrazos solían confortar el alma, en etapas de duelo o cuando simplemente te sientes muy triste.

Aplanando los sentimientos que la plática anterior había causado, y, sobre todo, poniendo un rostro cordial pero distante, tome la delantera a Felipe en la procesión, siendo él el titular de la basílica, le correspondía presidir la ceremonia que se llevaba a cabo. La ceremonia estaba llevando el curso que se esperaba, una misa pontifical era muy protocolaria y cada cosa era muy simbólica. En ese momento se escucha como el coro inicia una vez más, sin embargo, en esta ocasión el canto del aleluya resuena en cada parte de la basílica.


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Allelúia. Requiem aeternam dona eis, Domine, et lux perpetua luceat eis. Allelúia.

Cuando las ultimas notas del Aleluya comienzan a sonar, el diácono comienza su camino una vez más con el incensario y la naveta hasta donde se encuentran sentados los cardenales. Ante la llegada ambos se pusieron de pie e iniciaron con la bendición del incienso, tal como había sucedido anteriormente. Una vez terminada con la segunda bendición, me acerco hasta el altar para tomar el Libro de las Virtudes, para posteriormente arrodillarme delante de Felipe diciendo con voz clara

- Jube, domine, benedícere.

Mi rostro mantenía la cordialidad que tanto tiempo me llevo perfeccionar, mientras escuchaba como el oficiante me respondía:

- Dóminus sit in corde tuo et in lábiis tuis, ut digne et competénter annúnties Librum Virtútum. Amén

Una vez que la bendición me fue otorgada, Felipe extiende su mano, en la cual deposito un beso para posteriormente ponerme de pie y ser escoltado por dos ayudantes que portan un candelabro cada uno, iluminando el camino, antecedido por el diácono con el incensario. Llego finalmente al ambón, en donde coloco el Libro de las Virtudes en el atril, para unir mis manos en posición de oración y decir en voz clara para ser escuchado por todos los presentes.

- Lectio Vitæ Primi Prophétæ.

Con el pulgar de la mano derecha realizo una cruz en el libro al inicio de la página donde se encuentra la lectura específica para este tipo de ceremonias, en ese momento el diácono me entrega el incensario, el cual es utilizado para incensar tres veces el Libro de las Virtudes y ser entregado una vez más al diácono, que ha estado a la par en espera de continuar con el rito. Finalmente ha llegado el momento de realizar la sagrada lectura, por lo cual junto mis manos y comienzo a realizarla.

Citation:





    La vida de Aristóteles
    Capítulo IV: Diálogo sobre el alma - Segunda parte



    La tarde caía sobre la ciudad de Pela. Sólo se oían los cuchicheos de las mujeres que, al lado de los templos paganos, invocaban a los falsos dioses por la salud del rey. Éste, en efecto, estaba moribundo. Nicómaco, padre de Aristóteles, estaba al cabezal de su cama para atrasarlo y aligerar el peso del desdichado.

    Aristóteles, con catorce años en aquel tiempo, vagaba por las calles de la ciudad, sin ver ni sentir lo que pasaba cerca. ¿Qué pasaría con su padre si el rey llegara a morir? Seguramente, él no estaba obligado por su responsabilidad, pero ¿quién podía saber lo que los cortesanos malintencionados podían idear y qué venganzas podían ejercer en aquellos momentos de interregno?

    Paró al lado del templo de Perséfone. No creía en el poder de los dioses, que le parecían sólo marionetas muertas, pero él tenía allá, como una majestad secreta, aquella evocación de la diosa de los muertos en un momento como aquel.

    Sintió que ponían una mano sobre su hombro. Era Epimaneo:


    Epimaneo: "¿Rezas por el Rey, Aristóteles?"

    Aristóteles: "¿Rezar? ¿A quién tendría que rezar y qué tengo que pedir?"

    Epimaneo: "¿Qué tienes que pedir? ¡Pues que viva, evidentemente! Y si no crees en esta diosa... ¿crees en una fuerza superior que rige nuestra vida?"

    Aristóteles: "¿Que viva? Morirá, todos lo saben mejor que yo. Nuestras oraciones no pueden devolverle ni la juventud ni la salud. Ha vivido mucho tiempo, y es la hora para que parta. No, si yo rezo, no será para que viva."

    Epimaneo: "¿Y para que lo harás, pues?"

    Aristóteles: "¿Qué hay, después de la vida, Epimaneo? Aquella alma única, que el hombre posee, y que nos diferencia de los animales, ¿sobrevive a esta vida?"

    Epimaneo: "No lo sé, Aristóteles. Mi ciencia trata sobre la vida, y no sobre la muerte. Puedo decirte cómo vivir bien, cómo ser feliz y cómo conocer el día a día de los seres, pero no lo que hay después de la muerte."

    Aristóteles: "¿Puedes decirme cómo vivir bien? Veamos. ¿No estás de acuerdo en que, para hacer un acto inteligente, hay que prever las consecuencias?"

    Epimaneo: "Sí, seguro; esto evita cometer errores, actuar de mala manera o juzgar erróneamente las situaciones. Es importante, el hecho de prever."

    [...]

    Aristóteles: "Me alegra que estemos de acuerdo. Pues, para vivir bien, hay que saber qué hay después de la muerte."

    Epimaneo: "¡Oh! Esto no lo entiendo, ¿qué quieres decir?"

    Aristóteles: "Es muy simple: como el matrimonio, la muerte es un acontecimiento definitivo. Hay que prepararse para ella con cuidado. Si hay una vida después de la muerte, entonces nuestra vida antes de la muerte hay que dedicarla a preparar esta vida después de la muerte; como con nuestra vida antes del matrimonio, que hay que preparar la vida posterior al matrimonio."

    Epimaneo: "Veo donde quieres ir a parar. ¿Para ti la muerte no es sino un paso que conduce a otra vida?"

    Aristóteles: "Sí, y nuestra vida presente hay que dedicarla a preparar esta vida futura."

    [...]

    Aristóteles: "Entonces nuestra alma, que es inmaterial, no tiene que morir. Cuando morimos, nuestro cuerpo desaparece, pero nuestra alma permanece. Y la vida del alma es la vida futura. Es la vida que nuestra vida presente, en nuestro cuerpo, tiene que preparar."

    Epimaneo: "¿Entonces, el rey que muere vivirá?"

    Aristóteles: "Sí, y para que su alma sea feliz en esa vida es por lo que rezaré esta tarde."

    Epimaneo: "Rezaremos juntos, entonces."

    Y, después de estas palabras, ambos amigos se separaron; Epimaneo se volvió al templo de Perséfone, mientras que Aristóteles se dirigió a la salida de la ciudad para pasear por el campo.






Una vez finalizad a la lectura, deposito un beso sobre la página donde se encontraba y procedo a levantar el libro para que todos los fieles puedan verlo. Acto seguido doy la espalda a los fieles, aun con el libro entre mis manos, recorro junto a los ministros el camino de vuelta hasta donde se encuentra Felipe aun sentado, a quien extiendo el libro para que lo bese. Una vez realizado esto, me dirijo hacia el altar para dejarlo encima y volver a tomar asiento a la derecha del oficiante.


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Cardinal Bishop // Cardinal Vicar Grand Inquisitor // Prelate of Honour of His Holiness //
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